AGOSTO 2003

Además de seguir con los riegos, el grueso de las tareas se centra en evitar que los gusanos se coman las hojas de las plantas y que las hierbas lo invadan todo. Seguimos insistiendo con algunas siembras a pesar del poco éxito de las últimas semanas. Tal vez el excesivo calor de este año o los insectos voraces, el caso es que apenas han prosperado las últimas sementeras de lechuga y zanahoria.

La recolección se limita a los últimos tomates de la temporada y a alguna que otra cebolla que los roedores nos dejan. Como se ve en la foto, a los topillos (eso creemos que son) les gusta el picante sabor de nuestras bulbosas. A medio desarrollar se encuentra una fila de judías y otra de coles (repollo moradas y de Bruselas mezcladas).

A noviembre hay que esperar para comenzar a cosechar los tupinambos o aguaturmas. Este año, entre la sequía y los roedores, la producción va a ser más bien escasa. Las matas de esta desconocida hortaliza están ahora en flor aunque se reproducen por sus tubérculos, como las patatas. Normalmente no hace falta preocuparse por su siembra. Los tubérculos (más exactamente rizomas) que van quedando olvidados en la tierra son suficientes para que la primavera siguiente (en invierno se marchitan completamente) broten nuevas plantas. Las hojas están mustias y es que sus necesidades hídricas no parecen quedar satisfechas, como las de otros cultivos, con el sistema de riego automático que hemos puesto en marcha este año: el P.A.W.S., Pasajo Automatic Watering System (Sistema de Riego Automático del Pasajo). Aunque insuficiente, ha representado una gran mejora ya que con anterioridad sólo podíamos regar los fines de semana.

El sistema consta de una bomba de agua de 12 V (no se dispone de red eléctrica) con interruptor por presión, un programador de riego para jardines domésticos y una batería del coche (se planea comprar un panel solar fotovoltaico) que alimenta la bomba. La limitación está precisamente en el temporizador: el programa más abundante sólo permite regar una hora cada tres días. El verano próximo se intentará usar una de las técnicas más famosas de la agricultura ecológica, el acolchado (esparcir una gruesa capa de restos vegetales sobre el suelo) para reducir la evaporación. Si eso tampoco funciona habrá que pensar en comprar otro programador que posibilite riegos más copiosos.

A finales de mes comenzamos a preparar el montón de mantillo (también llamado compost) que nos servirá de abono natural la temporada próxima. Tradicionalmente, el producto resultante de la limpieza de las cuadras que contenía excrementos de los animales mezclados con la paja que se esparcía por el suelo, se incorporaba a la tierra en otoño. Al llegar la primavera, la materia orgánica se había mineralizado (gracias a la labor de las bacterias del suelo) y estaba lista para ser asimilada por árboles y nuevos cultivos. La paja, de descomposición más lenta, pasaba a formar parte del humus, auténtico indicador de la fertilidad de un terreno.

Existen numerosos procedimientos para preparar abono natural. Nosotros usamos desde hace años uno sencillo que da buen resultado (hacemos notar que es posible reemplazar el estiércol por desperdicios de cocina, también ricos en nitrógeno):

1.) Se comienza extendiendo sobre suelo de tierra (si hay lombrices entrarán en el montón mejorando sus cualidades) una capa de estiércol.

2.) Se la cubre con restos vegetales, por ejemplo hierba segada antes de la madurez de sus semillas.

3.) Se añade una tercera capa, más fina, de tierra que con sus bacterias servirán para facilitar la descomposición del material.

La cuarta capa vuelve a ser de estiércol y así sucesivamente. Es importante regar de vez en cuando conforme vamos añadiendo niveles ya que la humedad es imprescindible para la correcta descomposición de la materia orgánica. Pero el agua en exceso impide la entrada de aire, también necesario, por lo que habrá que protegerlo de la lluvia con un plástico. Más o menos a mitad del periodo que preveemos tener apilado el mantillo, deshacemos el montón y lo volvemos a hacer (todo se mezclará homogéneamente) añadiendo humedad si vemos que falta. En verano, gracias al calor, el mantillo estará listo en unos tres meses mientras que en invierno tarda en hacerse cuatro o cinco.

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